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drvargasvargas@gmail.com  Fecha | 30/05/2007 04:56 | Web/Url: |  Procedente de: 201.195.192.246 | Navegador: Internet Explorer 7.x | Sistema Operativo: Windows NT

Bioética: enfermos terminales
Bioética: enfermos terminales

La palabra bioética está compuesta por bios y ethike (vida y ética), uniendo la vida biológica , con la ética (moral-conciencia), por lo tanto, la bioética es la ética aplicada a la vida; consiste en el “estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias biológicas y la atención de la salud, en la medida en que esta conducta se examine a la luz de los valores y principios morales” (Instituto Mexicano de Tanatología, 2006).
La bioética comprende los problemas relacionados con valores, que se presentan en las profesiones de la salud; se aplica a las investigaciones biomédicas; se ocupa de cuestiones sociales y persigue el respeto a la vida. Estudia desde diversos puntos de vista las intervenciones médicas, científicas y de laboratorio, particularmente, los problemas éticos que en ellas surjan.
La Organización Mundial de la Salud, define a esta como “un estado completo de bienestar físico, mental y social” (Instituto Mexicano de Tanatología, 2006). Por lo tanto, la enfermedad consiste en “el fracaso del organismo para adaptarse física, mental y socialmente a las condiciones del medio ambiente social” o en “el desequilibrio y alteración de las funciones de un organismo debido a agentes patógenos externos y/o internos, ya sean físicos, químicos o mecánicos”.
Toda enfermedad es un proceso evolutivo, que implica un periodo inicial, un periodo de estado y un periodo final (la curación o la muerte). Puede ser, de acuerdo con el Instituto Mexicano de Tanatología (2006):
Aguda. Generalmente se inicia en forma brusca, en un periodo corto menor a tres meses, y el tratamiento es prolongado, generalmente mayor a tres meses. Es factible la curación.
Crónica. Inicio y progresión insidiosa. El deterioro progresivo y generalizado favorece fallas múltiples que en algún momento desencadenarán la muerte.
Terminal. Debido al deterioro progresivo y generalizado del organismo, una enfermedad ya no responde a tratamientos específicos. Proximidad a la muerte.
La enfermedad terminal se caracteriza por la presencia de una enfermedad avanzada, progresiva, incurable; una falta de posibilidades de respuesta al tratamiento específico; la presencia de numerosos problemas o síntomas intensos, múltiples, multifactoriales y cambiantes; gran impactoemocional en el paciente, su familia y el equipo terapéutico.
De acuerdo con Lozano Barragán, la bioética aparece como el proyecto de construcción del hombre a través de las ciencias de la vida y la salud. ¿Qué hombre se quiere construir a lo largo del siglo XXI? ¿Qué persigue ese hombre, una vida de calidad o cantidad de vida?
Si se piensa en la calidad de la vida, es posible también considerar la calidad de la muerte, es decir, una muerte digna.
El Instituto Mexicano de Tanatología (2006) afirma que la calidad de vida alude a la objetivación del bienestar físico, intelectual, afectivo, espiritual, familiar y ocupacional del ser humano y que, por lo tanto, en el contexto de un enfermo terminal, ésta se logra mediante la suma de los esfuerzos de un equipo interdisciplinario.

La Tanatología, una alternativa bioética para asumir la muerte con dignidad
La muerte biológica se define como la ausencia de signos vitales y cese de la vida; sin embargo, debido a que el organismo muere por partes, existen diversos grados en el proceso de morir. De acuerdo con el Instituto Mexicano de Tanatología (2006) estos son:
Muerte aparente o relativa. Especie de síncope prolongado, con insensibilidad, desaparición del tono muscular, paro respiratorio debilitamiento de la actividad cardiaca y circulatoria. La persona puede recuperar la vida a través de técnicas de reanimación.
Muerte clínica. Se caracteriza por la ausencia de los signos vitales, pero las reacciones metabólicas de los tejidos subsisten en ciertas condiciones y si no faltara excesivamente la irrigación cerebral sanguínea, puede darse una recuperación.
Muerte absoluta o muerte cerebral. Se pierde el estado de la conciencia y los reflejos.
Finalmente, la muerte total, se presenta cuando ya no quedan células vivas en el organismo y hay una definitiva imposibilidad de volver a la vida.
Desde tiempos inmemoriables, la muerte ha sido un misterio para el ser humano, ha buscado para ella explicaciones mágicas, místicas, religiosas y científicas.
En 1901 el médico ruso Elías Metchnikoff, acuñó el término Tanatología, considerándola la ciencia de la muerte y por ello, una rama de la Medicina Forense.
En 1960, la Dra. Kübler-Ross se percató de los fenómenos psicológicos que acompañan a los enfermos en fase terminal durante el proceso de muerte, por lo que define a la Tanatología como “una instancia de atención a los moribundos”.
Kübler-Ross, a quien se considera creadora de la Tanatología, plantea que la muerte es todavía un acontecimiento terrible y aterrador, y el miedo a la muerte es un miedo universal aunque se crea que se ha dominado en muchos niveles; afirma que si la ciencia y la tecnología no fueran mal utilizadas para aumentar la destrucción, para prolongar la vida en vez de hacerla más humana, si pudieran hacerse compatibles con la utilización del tiempo necesario para los contactos interpersonales a nivel individual, entonces sería posible crear verdaderamente una sociedad.
El griego logos tiene diversas acepciones: palabra, razón, estudio, tratado, discurso y sentido; mientras que thanatos, significa muerte. De acuerdo con sus raíces etimológicas y la perspectiva de Kübler-Ross, que es la que prevalece actualmente, la Tanatología es “la ciencia encargada de encontrar sentido al proceso de muerte”.
La Tanatología “es el estudio interdisciplinario del moribundo y la muerte, especialmente de las medidas para disminuir el sufrimiento físico y psicológico de los enfermos terminales, los sentimientos de culpa y pérdida de los familiares y amigos y evitar la frustración del personal médico” (Bonilla Arandia, 2007).
La Tanatología estudia al ser humano. Entiende que la persona es: un individuo, insumable, integral, cambiante, capaz de ser conciente, libre, responsable y capaz de autotrascender.
La Tanatología abarca los siguientes campos: el enfermo terminal, la familia del enfermo, los deudos, prevención, intervención y postvención en caso de suicidio y apoyo al equipo médico.
De acuerdo con Mercedes Bonilla Arandia (CEDEHC, 2007), la finalidad de la Tanatología es humanizar el proceso de muerte y proporcionar al hombre que muere, una muerte digna. Esto se puede lograr ayudándolo a aminorar el sufrimiento tanto en lo físico –en la medida de lo posible- como en lo emocional.
Siempre que se presenta una pérdida, se genera una herida emocional. En el caso de los enfermos terminales, las pérdidas van aumentando conforme progresa la enfermedad. En primera instancia, han perdido su salud, de ello deriva que pierdan poco a poco sus fuerzas, sus capacidades físicas, su libertad al tener que depender de otra persona… hasta la pérdida de su vida.
El enfermo terminal, sufre, además de los síntomas, el dolor y sufrimiento físico naturalmente ocasionado por su enfermedad y tratamiento; el dolor que le produce las diversas pérdidas.
Etimológicamente, duelo proviene de duellum, que significa combate y de dollum, que significa dolor (Daniel Behar, 2003). De tal modo que es posible definir el duelo como la reacción frente a la pérdida de un ser, ideal, ilusión, amada.
De acuerdo con Kübler-Ross (2003), en el proceso de duelo observamos las siguientes fases: negación y aislamiento, ira, pacto o regateo, depresión y aceptación.
Primera fase: negación y aislamiento
La negación, por lo menos la negación parcial, es habitual en casi todos los pacientes, no sólo durante las primeras fases de la enfermedad o al enterarse del diagnóstico, sino también más adelante, de vez en cuando.
Segunda fase: ira
Cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia y resentimiento.
El problema está en que pocas personas se ponen en el lugar del paciente y se preguntan de dónde puede venir su enojo.
Un paciente al que se respete y se comprenda, se sentirá un ser humano valioso, del cual se preocupan y al que permiten funcionar al más alto nivel, mientras pueda.
Tercera fase: pacto
El pacto es un intento de posponer los hechos; incluye un premio a la “buena conducta”, fija un plazo de vencimiento impuesto por uno mismo y la promesa implícita de que el paciente no pedirá nada más si se le concede este aplazamiento.
Cuarta fase: depresión
A menudo se tiende a olvidar el dolor preparatorio de los pacientes para salir de este mundo. Por lo tanto, hay una depresión preparatoria y una reactiva.
Quinta fase: aceptación
La aceptación se llega a dar cuando el paciente ha tenido tiempo suficiente para pasar por todas las fases mencionadas anteriormente.
El Instituto Mexicano de Tanatología (2006) señala que la mejor forma de disminuir el sufrimiento es mediante un proceso de toma de conciencia, que permita que la persona o paciente, se desahogue. Para lograrlo, el Tanatólogo deberá trabajar con él los siguientes aspectos:
1. La aceptación de la muerte inminente. Ayudar al paciente a comprender su naturaleza, de tal modo que viva positivamente la última etapa de su vida.
2. Adueñamiento de la propia muerte. Que el paciente resuelva sus problemas, que exprese su voluntad, que considere su muerte como parte de su crecimiento como ser humano.
3. Aprovechamiento del tiempo que quede de vida. Considerar el último tiempo como una oportunidad para lograr, en la medida de lo posible, concretar sueños, anhelos, objetivos.
4. Encontrar un sentido a la propia vida.
La Organización Mundial de la Salud, en apoyo a los enfermos terminales ha promulgado sus siguientes derechos:
• Vivir hasta su máximo potencial físico, emocional, psicológico, espiritual, social
o y ocupacional.
• Vivir independiente y alerta.
• A expresar sus emociones y sentimientos en todo momento.
• A ejercer su autonomía.
• A tener alivio a sus sufrimientos físicos, emocionales, espirituales y sociales.
• A conocer o rehusar conocer todo lo concerniente a su enfermedad, su estado actual, su diagnóstico y su pronóstico.
• A ser atendido por profesionales sensibles a sus necesidades y temores, competentes en su campo.
• A ser el eje principal de las decisiones que incumban a sus cuidados relacionados con la etapa final de su vida.
• A que no se le prolongue el sufrimiento indefinidamente, ni se apliquen medidas extremas y heroicas para sostener sus funciones vitales.
• A no morir solo.
• A morir con dignidad, tan confortable y apaciblemente como sea posible.
• A recibir asistencia espiritual.
Para que el enfermo terminal pueda ejercer sus derechos, requerirá del apoyo de su familia, de los médicos y del personal hospitalario, así como el de la sociedad. Esta es la razón por la cual el Tanatólogo ha de atender a la familia, al médico y al personal hospitalario que atiende al paciente. Son actividades del Tanatólogo: el acompañamiento, el apoyo y la consejería.
La familia y el paciente
La familia debe ser considerada parte integral de la atención al paciente, no podemos ayudar al paciente desahuciado de un modo verdaderamente importante si no tenemos en cuenta a su familia. Esta tiene un importante papel durante la enfermedad y sus reacciones contribuirán mucho a la respuesta que dé el paciente a su enfermedad.
¿En qué forma contribuye la familia para la elaboración del duelo de un enfermo terminal? Quien está muriendo, como ya se ha mencionado, además del dolor físico, se enfrenta al dolor emocional producto de la pérdida de la salud, la independencia, la vida…
La familia es fundamental para hacer sentir a quien muere, como el ser humano que es, a pesar de que sus capacidades cada vez se puedan ver más limitadas; también puede aliviar el dolor sino puede curarlo y en caso de que el alivio ya sea poco o nulo, acompañar al enfermo en el proceso de morir.
Gran parte de las ocasiones, quien muere no lo hace apaciblemente debido a la angustia y la culpa que siente al dejar a su familia sola. Si la familia administra sus energías de tal modo que no se derrumben, quien muere lo hará con tranquilidad.
El Tanatólogo puede acompañar a la familia, que a su vez acompaña al enfermo. Se trata de “estar ahí, hombro con hombro”. La angustia, la tristeza, desolación de una familia que está perdiendo a un ser querido, puede obnubilar su razón y no cumplir los derechos del enfermo terminal. El Tanatólogo tiene el compromiso bioético de vigilar que éstos se ejerzan; sin embargo, no debe imponerlos, sino aconsejar.
Una muerte digna no consiste en aplicar medidas extremas que pretendan preservar la vida a toda costa, a pesar del dolor innecesario; ni tampoco, practicar la eutanasia con tal de finalizar con el dolor. Una muerte digna se logra enfrentando el fin de la vida de acuerdo con las características esenciales del hombre: cuerpo-espíritu, sin reduccionismos de ninguna especie.
Por otra parte, la persona moribunda puede ser de gran ayuda para su familia, al afrontar su muerte; es decir, si se sobrepone a su dolor, muestra a su familia que es posible morir con serenidad, en consecuencia, la familia soportará su propio pesar con mayor dignidad.
El Instituto Mexicano de Tanatología (2006) asume que el Tanatólogo debe tener en cuenta una serie de indicadores para trabajar con la familia que ha sufrido una pérdida.
Ante la muerte de los padres hay una serie de factores clave que afectan a los hijos y cómo los harán sufrir:
• La forma del fallecimiento.
• La edad de los hijos en el momento de la pérdida.
• La situación personal de cada hijo.
• La intimidad de la relación que se llevaba con el padre fallecido.
• La madurez emocional de los hijos.
• El periodo de advertencia previo al fallecimiento.
• La dependencia emocional, económica, afectiva, etc.
• Cuando no se elabora el duelo ante una primera pérdida, generalmente al ocurrir la segunda, se carga con un doble duelo, haciéndose más difícil su resolución.
Las circunstancias clave en la muerte de una pareja son:
• La forma en que murió.
• Si la pareja llevaba poco o muchos años juntos.
• La madurez emocional del doliente.
• Si tuvieron hijos o no.
• Si hubo preparación previa o no en la muerte de la pareja.
• Sentimientos de culpa.
• Miedo para empezar una nueva vida, en soledad.
• Escuchar y acompañar en los momentos de tristeza y llanto.
• Hacer de su conocimiento que no es un buen momento para tomar decisiones drásticas hasta que alcance cierta calma.
• Animarlos a que comiencen a arreglar asuntos legales: seguros, cuentas bancarias, juicios testamentarios, etc.
Cuando se trata de la muerte de un hijo, lo que debe observar el Tanatólogo es:
• Si el hijo se llamaba como el padre.
• Si el padre tenía grandes expectativas puestas en su hijo muerto.
• Si el hijo muerto era único o el mayor.
• Las condiciones en que ocurrió la muerte.
• La muerte del hijo por una enfermedad.
• La muerte de un hijo por un accidente (súbita).
• Muerte por interrupción del embarazo (natural o intencional).
La muerte de un hermano recuerda la propia fragilidad. Los aspectos claves son:
• La edad de los hermanos.
• La cercanía de la relación.
• Solución o no de las rivalidades fraternas.
• En caso de que se trate de una pérdida en edad temprana, revisar el concepto de muerte del niño sobreviviente, si le permitieron asistir al velorio, si lo tomaron en cuenta durante la enfermedad del hermano, etc.
Todo lo anterior, debido a que los problemas del enfermo finalizan con la muerte y lamentablemente no puede suceder lo mismo con la familia.

Tanatología y Logoterapia: encontrando sentido al proceso de la muerte
Según Daniel Behar (2003), existe una relación estrecha entre Tanatología y Logoterapia, ya que la primera sirve de apoyo en la revaloración de la vida y se fundamenta en el principio de que todos los seres humanos son mortales y que es trascendental aprender a enfrentar el propio duelo y a vivir plenamente el presente; mientras que la segunda, se enfoca en buscar el sentido de la vida.
“Si todas las experiencias en nuestra vida están ligadas entre sí, con mayor razón la experiencia de la muerte, que da sentido y profundidad a la vida” (Behar, 2003).
Tanatológicamente, la mejor muerte es aquella que permite una preparación para ella, de tal modo que se cierren los círculos de la vida, se haga un análisis de ésta, se aproveche al máximo el último momento y finalmente, se asuma que la muerte no es el fin sino el inicio de una nueva vida, un nuevo estadio; un crecimiento, una evolución.
La Tanatología se basa en una cultura de vida, estudiando interdisciplinariamente el proceso de la muerte. Propone que de acuerdo con la calidad de vida que se haya tenido, será la calidad de la muerte.
Tanto la calidad de vida como la calidad de muerte, no tienen que ver con la idea de desterrar el sufrimiento, ya que el sufrimiento y el dolor, tienen un sentido: el trascender.
Todo ser humano es trascendental, algunos buscan la trascendencia a través de los hijos, otros, mediante sus obras y quienes profesan una religión, mediante esta.
A través de la plena conciencia de la trascendencia, el ser humano puede lograr una vida equilibrada y una muerte serena, aún en medio del terrible dolor físico.

Trascendencia de la Tanatología en la formación bioética del Médico
Actualmente confluyen una serie de factores que determinan la atención que reciben los pacientes: la economía, que se puede reflejar en falta de medicamentos, de estudios y tratamiento oportuno; el desconocimiento y la falta de sensibilidad de muchos que ostentan la profesión de médicos.
Solventar las crisis que viven las naciones, puede no ser la tarea de los profesionistas del área de la salud; en cambio, tienen el compromiso ético de atender al paciente. Atenderlo significa diagnosticar y proporcionar un tratamiento, curarlo, aliviarlo y acompañarlo… Brindarle un trato justo, digno.
Ningún médico debería emitir receta alguna sin haber visto a los ojos a sus pacientes, sin haber entablado el mínimo contacto, sin establecer una comunicación entre él y su paciente.
Los enfermos terminales particularmente, requieren además de la atención estrictamente médica, de una atención humana; es decir, necesitan sentirse importantes, vivos, motivados; quieren ejercer sus derechos.
Los médicos dedican gran parte de su vida a la formación profesional, a la actualización; sin embargo, pocos son los cursos que llevan orientados al trato que debe tener para con sus pacientes y la familia de éstos.
La vida es la lucha de los médicos, sin embargo, tarde o temprano se enfrentan a la ineludible realidad: todo ser vivo ha de morir. De tal forma, que cuando la batalla es ganada por la muerte, puede sentir frustración, culpa, impotencia, dolor.
Mediante los cursos y materias de formación humana que se imparten en algunas instituciones educativas de nivel superior, se contribuye a que los futuros profesionistas del área de la salud, alcancen un mejor desarrollo humano.
La Bioética se ocupa de tratar temas delicados de la lucha por la vida: el suicidio, la eutanasia, la reproducción asistida, etc. Por lo cual, que las universidades incluyan en sus programas, cursos de Bioética, es fundamental, particularmente para los futuros médicos.
Los cursos de Bioética favorecen la reflexión sobre la importancia de la vida y el respeto y amor que le ha de tener. La Tanatología puede complementar la formación de los médicos, ya que proporciona las herramientas necesarias para brindar al paciente y a su familia, una atención integral.
La Tanatología ayuda a los médicos a luchar por la vida sin recurrir a medidas extremas que afecten la dignidad humana; también, los prepara para acompañar al paciente y a a su familia a lo largo del proceso de enfermedad o muerte.
Un médico que desarrolla habilidades tanatológicas, está preparado para luchar por la vida y en su momento, recibir a la muerte. Acompaña sus pacientes en medio de su dolor, de sus pérdidas y cuando la muerte es irremediable, la acepta, no la niega.
Pareciera contradictorio que los médicos acepten a la muerte; sin embargo, en el estricto sentido humano (fragilidad, limitaciones), así debiera ser, de tal modo que se eviten mayores sufrimientos para el enfermo terminal, su familia e incluso, el equipo médico.
El Instituto Mexicano de Tanatología (2006) observa que el médico debe considerar los siguientes aspectos en su práctica:
1) La persona humana es un fin en la práctica médica y no simplemente un medio.
2) La persona humana es responsable de la propia vida y de la propia salud.
3) La práctica médica se ejerce con respeto, en todo momento y en cualquier situación.
4) El médico también es una persona humana.

Seminario de Tanatología
Objetivo: El médico o futuro médico adquirirá los elementos necesarios para proporcionar una atención integral a los enfermos terminales y a su familia.
Duración: 45 horas
Temario:
II. Conceptos básicos
1.1 Concepto de Tanatología
1.2 Objeto formal
1.3 Finalidad
1.4 La Tanatología como ciencia interdisciplinaria
1.5 La Tanatología y la Logoterapia
III. Pérdidas y duelo
2.1 Tipos de pérdidas
2.2 Los sentimientos
2.3 El duelo y los sentimientos
2.4 Duelo normal
2.5 Duelo patólogico
IV. Familia
3.1 Tipos de familia
3.2 Comunicación familiar
V. Depresión y angustia
3.1 Depresión
3.2 Angustia
VI. Labor tanatológica durante el proceso de la muerte
2.1 Apoyo
2.2 Acompañamiento
2.3 Consejería
VII. Cualidades del Tanatólogo
6.1 Sensibilidad
6.2 Paciencia
6.3 Honestidad
6.4 Flexibilidad
6.5 Madurez
6.6 Espiritualidad
6.7 Prudencia.
VII Derechos de los enfermos terminales
7.1 Derechos de los enfermos terminales de acuerdo con la OMS
(Organización Mundial de la Salud).
7.2 Derechos de los pacientes
7.3 Derechos humanos de las personas con Síndrome de Inmunodeficiencia
Adquirida (SIDA).
7.4 El cáncer y sus implicaciones tanatológicas.
Finalmente, cabe decir que este seminario de Tanatología si bien puede resultar productivo, sería mucho más enriquecedor si se tuviera continuidad; es decir, la Tanatología no se limita a la atención de enfermos terminales, como tampoco los médicos lo hacen. Por ello, es recomendable considerar talleres o seminarios de Tanatología que se enfoquen en el tratamiento a personas adictas, a enfermos crónicos, a personas de la tercera edad, etc.
Lo que persigue este pequeño esbozo sobre Tanatología, es destacar su utilidad en el desarrollo humano de los médicos y los aportes significativos que ésta puede representar en su práctica o ejercicio profesional.






Referencias:
Behar, D. (2003). Tanatología. Un buen morir. Encontrando sentido al proceso de la muerte. México: Pax.
Castro González, M. (2006). Tanatología: la inteligencia emocional y el proceso de duelo. México: Trillas.
Frankl, V. ( 2004 ). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.
Instituto Mexicano de Tanatología (2006). ¿Cómo enfrentar la muerte?Tanatología. México: Trillas.
Kübler-Ross, E. (2006). Sobre la muerte y los moribundos. Barcelona: Random House Mondadori.


 Respuestas (1)
  • » Bioética: enfermos terminales « - Walter - 30/05/2007 04:56
    • Gracias - Alejandra Cruz - 30/05/2007 16:25


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