ESCUCHAR LOS TRAUMAS AJENOS. ¿GRUPOS DE APOYO PARA ENFERMEROS DE URGENCIAS?.
X Congreso Nacional de Enfermería de Urgencias.
Tenerife, del 15 al 18 de Octubre de 1997.

INTRODUCCIÓN

La muerte y el morir siguen constituyendo temas tabú en la sociedad contemporánea; incluso, se intenta negar su realidad. Más, el hombre se siente expectante ante el misterio de la muerte (siempre muerte del otro). Las reacciones de evasión y huida son provocadas tanto por la muerte en sí como por las estructuras socioeconómicas que atribuyen el ideal de vida a la juventud y a la vida misma.

Se ha afirmado, no sin razón, que la historia de la humanidad ha estado impregnada por el sino de la muerte. Pero esta presencia-ausencia de la muerte ha sido acallada por intereses y preocupaciones de rango más relevante en las Sociedades Occidentales. A pesar de ello, cada vez con mayor intensidad y profusión las ciencias sociales y bio-médicas han ido propiciando nuevos enfoques del proceso terminal y de la misma muerte (enmascarándoles, unas veces; apoyadas en los riesgos y logros de la prolongación de la vida, otras). 

Nuestra propuesta educativa defiende que se puede ayudar a cualquier persona y/o profesional a que alcance una comprensión realista y gradual del concepto de muerte, quitando eufemismos, los cuales son barricadas contra el miedo a la muerte y sólo consiguen confundir a las personas. Volver la cara al asunto es lo mismo que querer tapar el sol con un dedo: Los pequeños al igual que los adultos no ignoran el tema y tal como sucede con el sexo, encuentran otras fuentes de información mucho menos fiables y más terroríficas que la realidad. 

La propuesta de una guía didáctica para la educa­ción en la muerte inicialmente formulada para alumnado de Enfermería de la que es un resultado la presente comunicación, surgió fundamentalmente por la necesidad de colaborar con el profesorado implicado en la introducción y generaliza­ción de los programas en materia de Salud-enfermedad-muerte. Bien es cierto que esta no es la única disposición a tomar para mejorar la calidad de vida y del morir, pues no resuelve todos los problemas: Eticos, deontológicos, económicos, institucionales, etc., pero sea cuales fueren las medidas a adoptar es cierto que no es posible prescindir de esta.

Creemos firmemente que la formación adecuada es fácil de incorporar a programas institucionales de formación incluyéndola de forma natural en las estructuras existentes y así lo hemos justificados en diversas ocasio­nes, de hecho existe una propuesta de inclusión en el nuevo Plan de Estudios para Enfermería de la Universidad de La Laguna surgida fundamentalmente de la necesidad de introducir e integrar en el curriculum profesional ese gran vacío del programa en torno a la muerte y el morir humanos.

Desde un punto de vista más completo, podemos desglosar el esquema formativo en cuatro puntos que corresponden a cuatro tiempos de capital importancia:

1. Tiempo de información. Su finalidad es poner al personal al corriente de todo lo que compete al final de la vida y de sus repercusiones como profesional.
2. Tiempo de reflexión. Reservado a la expresión, análisis de las dificultades e interrogantes que llevan aparejados una nueva situación.
3. Tiempo tecnológico. Permite descubrir una eficacia profesional en un mundo donde muchos se sienten inútiles.
4. Tiempo de aplicación. El relativo a la actuación concreta en este terreno.

La historia de la educación en el morir es probablemente tan vieja como la vida misma, pero en la edad moderna comienza hace algo más de tres décadas, a principio de los años sesenta. Las necesidades generales sobre la educación para la muerte han sido argumentadas convincentemente por diversos autores como Feifel (1971), Green e Irish (1971), Somerville (1971), Levinton (1977), Knott (1979), Kastenbaum (1981), Benoliel (1982), Eddy y Halles (1983), Wass, Berardo y Neimeyer (1988), Bertman (1991). Ya hace tres décadas que Quint & Strauss (1964) establecieron en su trabajo el énfasis puesto por determinadas Escuelas de Enfermería sobre la muerte y los moribundos, concluyendo que relativamente pocos docentes enfocaban el tema. Kübler-Ross (1969) identificó la necesidad de los profesionales de la Salud de conocer sus emociones y actitudes hacia la muerte con el fin de cuidar de manera más eficaz a los pacientes en situación terminal y sus familias. Cursos, seminarios y lecturas han sido incorporados a los programas de las Escuelas de Enfermería para cubrir esta necesidad. Schoenberg & Carr (1972), en un trabajo realizado en 57 Escuelas de Enfermería, concluyeron que en el 95% de los programas se incluían temas sobre la muerte y los moribundos.

Si revisamos la bibliografía existente en torno a la formación en la muerte y el morir, vemos que se manifiesta un énfasis en el estudio de la muerte, que se acrecienta a partir de 1964 en las Escuelas de Enfermería. De hecho en un estudio de Dickinson (1986), sobre un total de 332 programas de Escuelas de Enfermería de Estados Unidos, obtuvo como resultado que un 95% de los programas de dichas escuelas informaban sobre el tema de la muerte y los moribundos, de los cuales un 80% es a través de unidades didácticas, un 15% a través de un curso semestral y, en el 5% restante, no aparece de manera formal en los programas.

Existe un proceso de construcción de nociones sobre el morir a partir de las observaciones, expe­riencias, interacción entre iguales y la diferen­tes informaciones que el sujeto incorpora progresiva­mente en su sistema cognitivo y no concluyen necesariamente en ningún período del desa­rrollo o edad concreta. De hecho pensamos que la reestruc­turación cognitiva y del morir es un proceso permanente del ser humano aunque las estructuras básicas hayan podido establecerse al final del período de la infancia. La socialización supondría la adecuación de la construcción del morir humano al modelo colectivo, fenómeno que no ocurre de manera lineal. Todo individuo elabora a su modo y manera los comunes modelos sociales. Desde que el indivi­duo cobra consciencia de que lo decisivo para la relación del hombre con la muerte, no es sencillamente el proceso biológico, en si, sino la idea de la muerte, que evoluciona y es en si una idea especifica de cada estadio del desarro­llo, así como actitud de los hombres y mujeres hacia la muerte, unida a esa idea. 

El conocimiento de la muerte, no puede identificarse exclusivamente como biológico ya que ningún otro aspecto del hombre se estructura más claramente de manera social y cultural que la muerte. Sin embargo cierta tradición pedagógica ha querido atribuir una supremacía a los contenidos biológicos, queriendo presentar así un modelo “aséptico” de información sobre la muerte. Ello ha contribuido a justificar mediante un predeterminismo biológico, diferencias de muertes sociales, como medio de justificar la represión y la discriminación.

Para asegurar un proceso autónomo de construcción del conocimiento en la propuesta educativa promulga­da se utiliza una metodología que favorece tal proceso, la cual asume que el conocimiento sobre la muerte va a ser construido por el propio individuo. Hablamos claro está de una metodología constructivista y concebimos unos objetivos generales con un marco amplio de referencia común a todos los niveles educativos que posteriormente en el diseño curricular se concretarán en cada uno de los ciclos:

1. Potenciar la construcción del conocimiento sobre la muerte y el morir, así como de las diferentes nociones o conceptos que posibilitan una experiencia crítica de la muerte humana en sus dimensiones cultural, social, biológica y psicológica.
2. Clarificar las actitudes ante la muerte y el morir, enten­dido como una experiencia de vida.
3. Romper los tabúes, mitos y miedos relacionados con la muerte.
4. Reestablecer la comunicación en torno a la muerte, entre niños, jóvenes y adultos, profesores y padres. Como elemento de equilibrio personal y social.
5. Potenciar la reflexión y el análisis de por qué nuestra cultura regula el comportamiento con los moribundos, calificando en términos de normal-anormal, entendiendo el sentido convencional y arbitrario de estas normas.
6. Potenciar la construcción de normas morales y de afectivi­dad, exentas de "corses" o modelos prefijados.
7. Desculpabilizar y liberar de angustia el comportamiento ante los moribundos, integrándolo como una parte más de nuestro desarrollo personal.
8. Desterrar la idea de que la información sobre la muerte no beneficia nuestro planteamiento de vida.
9. Incorporar un vocabulario preciso en relación con la muerte, exento de connotaciones moralistas, vergonzantes o macabras.

Los objetivos generales del presente proyecto de guía educativa, son: 

1.- La educación en la muerte como proceso lento, gradual y complejo. La adquisición de las diferentes nociones de muerte, requieren una actividad cognitiva indivi­dual e insustituible, la cual no es posible por simple transmisión verbal.
2.- La educación en la muerte debe favorecer la cons­trucción de nociones de tanatología. El conocimiento debe ser adquirido no a través de la inculcación de los conceptos a un individuo pasivo puesto que ello no asegura sino una visión deformada, fruto de que el individuo es incapaz de establecer relaciones entre los datos que percibe.
3.- Comprender los procesos históricos y cultura­les por los que se han generado los conocimientos actuales y la organización social y de muerte vigentes. La génesis del conocimiento científico puede ser de gran utilidad en la comprensión de la muerte humana.

De hecho, para nosotros el conocimiento implica la incorporación de una serie de dimensiones, presentes en mayor o menor grado en todos los contenidos de carácter cultural, social, biológico, psicológico, afectivo y moral. Por ello a la hora de incluir una psicopedagogía de la muerte en las Escuelas, Talleres o Seminarios que sea beneficiosa no hemos obviado las limitaciones que lleva aparejada y las hemos reducido al mínimo adecuándolas a las características y formación llevada en las Escuelas de Enfermería. 

Somos conscientes de la existencia de limitaciones (principales):

1. Los aspectos psicológicos y pedagógicos.
2. La dificultad en la aplicación de técnicas eficientes pedagógicas y psicofisiológicas.
3. La ambigüedad comprensiva del estímulo aversivo “muerte”.
4. La unificación teórica y metodológica debido al exceso de temas y problemas.
5. Clarificación en torno a la inexistencia de principios básicos de la actividad psicológica del individuo ante la muerte.
6. Conocimiento de las contradicciones e incoherencias de las conclusiones de los trabajos.
7. Utilización de una terminología que reste ambigüedad.
8. Definiendo, comunicando y midiendo los conceptos actitudinales y corporamentales. 

Partiendo del diagnóstico inicial de los intereses y temas de aprendizaje de los alumnos, lo cual se ha revelado especialmente útil, y tras ser analizados, clasificados y valorados se agrupan en un registro de doce bloques temáticos con sus correspondientes subapartados.

La propuesta de la necesidad de una educación efectiva en el tema de la muerte, comenzó siendo dirigida primordialmente a profesionales de la salud puesto que son ellos quienes se hayan inevitable­mente frente al proceso del morir como un hecho cotidiano. Creemos que si se les educa en conceptos de vida eficaz, el morir y la muerte disminuirán su ansiedad al abordar el tema y mejorarán en la administración de cuidados a cualquier individuo, ya sea o no moribundo, y en lo que demandan sus familias y se impregnarán de un cuidado profesional en la salud; y si no que por lo menos el programa educativo tenga un efecto positivo importante sobre las enfermeras de manera que le haga reflexionar sobre como perciben los demás el comportamiento que ellas prestan a pacientes agonizantes y sus familias. 

A lo largo de años hemos colaborado en la impartición de seminarios, talleres, mesas redondas y cursos, con la metodología y enfoque reseñado, a enfermeros y enfermeras que trabajan en distintas provincias españolas: Tarragona (34), Barcelona (70), Las Palmas de Gran Canaria (32) y Tenerife (22). Al analizar los intereses generales de los distintos grupos, sobresalieron de los doce grupos temáticos sobre todo los temas primordialmente sociales, psicológicos, antropológicas y que resumimos en el cuadro 1 referido a los temas. Bien es cierto que en la medida que los profesionales llevan más años en la profesión se ve un interés creciente por profundizar en las destrezas relacionales y que sentimientos y emociones se generan en nosotros (comunicación, counselling, apoyo al paciente y su familia en el proceso del morir y del duelo en las distintas edades de la vida, grupos de apoyo). Pero fruto de la metodología de trabajo los talleres siempre concluyeron habiéndose impartido durante los mismos otro temario diferente al que se había registrado en los intereses iniciales. Los profesionales redescubren nuevos intereses y priorizar dejando fuera temas que en un principio querían trabajar, se da el caso con la comunicación aplicando casos reales vividos, experiencias en torno a la vida después de la muerte, el proceso del duelo, etc., de hecho cada grupo tiene su propia dinámica.

La evaluación de los cursos aunque fluctuante, ha tenido una media de un 4,2, de una escala tipo Likert (de 1 a 5). 

Mi agradecimiento a los profesionales de enfermería que han querido compartir el sentido de la vida, sus sentimientos y pensamientos más íntimos con respecto al amor y a la muerte en cursos y talleres sobre “vivir el morir” manifestando al realizar los mismos que la mayoría de sus ideas y miedos eran infundados, y que agradecen el que se les haya dado la posibilidad de crear un espacio y un clima en el han sido capaces de abrirse y compartir. Pues en la medida que se abrieron, recibieron.

Mi experiencia en la docencia en torno a la muerte y el morir, me dice que: Muchas de las personas, que parecen ser las más saludables, hablan libremente de la muerte, aceptan sus emociones e insisten en mirar hacia el futuro. 

De la misma manera, mirar hacia el futuro sin hablar acerca de la muerte tampoco es saludable.



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