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Autor Tema: Percepciòn social de muerte  (Leído 53972 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
Javier
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« : 29 de Septiembre de 2010, 22:30:24 »



¿Cual es la percepciòn de la muerte en la sociedad actual? La hemos pèrdido de vista... es cuestiòn de los  viejos. Desde comienzos de la humanidad la muerte es, además de un fenómeno biológico, una construcción social y cultural. Todos los grupos humanos rigen normas sociales y desarrollan ritos cuya función es delimitar el mundo de los vivos y de los muertos, asegurando la transición del alma de un estado a otro de la existencia. Los cambios de valores acontecidos principalmente en los dos últimos siglos, el individualismo, el consumismo, la idealización de la juventud y la progresiva secularización, han contribuido en mayor o menor medida a la ocultación de la muerte y a que los ritos y normas alrededor de ella se consideren un tabú.
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Javier
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« Respuesta #1 : 29 de Septiembre de 2010, 22:35:23 »

Me parece que es obligatorio leer para el presente bloque el cuento ·"El hijo" del maestro Horacio Quiroga

El hijo

Horacio Quiroga
 
Es un poderoso día de verano en Misiones, con todo el sol, el calor y la calma que puede deparar la estación. La naturaleza, plenamente abierta, se siente satisfecha de sí.
Como el sol, el calor y la calma ambiente, el padre abre también su corazón a la naturaleza.

-Ten cuidado, chiquito -dice a su hijo, abreviando en esa frase todas las observaciones del caso y que su hijo comprende perfectamente.

-Si, papá -responde la criatura mientras coge la escopeta y carga de cartuchos los bolsillos de su camisa, que cierra con cuidado.

-Vuelve a la hora de almorzar -observa aún el padre.

-Sí, papá -repite el chico.

Equilibra la escopeta en la mano, sonríe a su padre, lo besa en la cabeza y parte. Su padre lo sigue un rato con los ojos y vuelve a su quehacer de ese día, feliz con la alegría de su pequeño.

Sabe que su hijo es educado desde su más tierna infancia en el hábito y la precaución del peligro, puede manejar un fusil y cazar no importa qué. Aunque es muy alto para su edad, no tiene sino trece años. Y parecía tener menos, a juzgar por la pureza de sus ojos azules, frescos aún de sorpresa infantil. No necesita el padre levantar los ojos de su quehacer para seguir con la mente la marcha de su hijo.

Ha cruzado la picada roja y se encamina rectamente al monte a través del abra de espartillo.

Para cazar en el monte -caza de pelo- se requiere más paciencia de la que su cachorro puede rendir. Después de atravesar esa isla de monte, su hijo costeará la linde de cactus hasta el bañado, en procura de palomas, tucanes o tal cual casal de garzas, como las que su amigo Juan ha descubierto días anteriores. Sólo ahora, el padre esboza una sonrisa al recuerdo de la pasión cinegética de las dos criaturas. Cazan sólo a veces un yacútoro, un surucuá -menos aún- y regresan triunfales, Juan a su rancho con el fusil de nueve milímetros que él le ha regalado, y su hijo a la meseta con la gran escopeta Saint-Étienne, calibre 16, cuádruple cierre y pólvora blanca.

Él fue lo mismo. A los trece años hubiera dado la vida por poseer una escopeta. Su hijo, de aquella edad, la posee ahora y el padre sonríe...

No es fácil, sin embargo, para un padre viudo, sin otra fe ni esperanza que la vida de su hijo, educarlo como lo ha hecho él, libre en su corto radio de acción, seguro de sus pequeños pies y manos desde que tenía cuatro años, consciente de la inmensidad de ciertos peligros y de la escasez de sus propias fuerzas.

Ese padre ha debido luchar fuertemente contra lo que él considera su egoísmo. ¡Tan fácilmente una criatura calcula mal, sienta un pie en el vacío y se pierde un hijo!

El peligro subsiste siempre para el hombre en cualquier edad; pero su amenaza amengua si desde pequeño se acostumbra a no contar sino con sus propias fuerzas.

De este modo ha educado el padre a su hijo. Y para conseguirlo ha debido resistir no sólo a su corazón, sino a sus tormentos morales; porque ese padre, de estómago y vista débiles, sufre desde hace un tiempo de alucinaciones.

Ha visto, concretados en dolorosísima ilusión, recuerdos de una felicidad que no debía surgir más de la nada en que se recluyó. La imagen de su propio hijo no ha escapado a este tormento. Lo ha visto una vez rodar envuelto en sangre cuando el chico percutía en la morsa del taller una bala de parabellum, siendo así que lo que hacía era limar la hebilla de su cinturón de caza.

Horrible caso... Pero hoy, con el ardiente y vital día de verano, cuyo amor a su hijo parece haber heredado, el padre se siente feliz, tranquilo y seguro del porvenir.

En ese instante, no muy lejos, suena un estampido.

-La Saint-Étienne... -piensa el padre al reconocer la detonación. Dos palomas de menos en el monte...

Sin prestar más atención al nimio acontecimiento, el hombre se abstrae de nuevo en su tarea.

El sol, ya muy alto, continúa ascendiendo. Adónde quiera que se mire -piedras, tierra, árboles-, el aire enrarecido como en un horno, vibra con el calor. Un profundo zumbido que llena el ser entero e impregna el ámbito hasta donde la vista alcanza, concentra a esa hora toda la vida tropical.

El padre echa una ojeada a su muñeca: las doce. Y levanta los ojos al monte. Su hijo debía estar ya de vuelta. En la mutua confianza que depositan el uno en el otro -el padre de sienes plateadas y la criatura de trece años-, no se engañan jamás. Cuando su hijo responde: "Sí, papá", hará lo que dice. Dijo que volvería antes de las doce, y el padre ha sonreído al verlo partir. Y no ha vuelto.

El hombre torna a su quehacer, esforzándose en concentrar la atención en su tarea. ¿Es tan fácil, tan fácil perder la noción de la hora dentro del monte, y sentarse un rato en el suelo mientras se descansa inmóvil?

El tiempo ha pasado; son las doce y media. El padre sale de su taller, y al apoyar la mano en el banco de mecánica sube del fondo de su memoria el estallido de una bala de parabellum, e instantáneamente, por primera vez en las tres transcurridas, piensa que tras el estampido de la Saint-Étienne no ha oído nada más. No ha oído rodar el pedregullo bajo un paso conocido. Su hijo no ha vuelto y la naturaleza se halla detenida a la vera del bosque, esperándolo.

¡Oh! no son suficientes un carácter templado y una ciega confianza en la educación de un hijo para ahuyentar el espectro de la fatalidad que un padre de vista enferma ve alzarse desde la línea del monte. Distracción, olvido, demora fortuita: ninguno de estos nimios motivos que pueden retardar la llegada de su hijo halla cabida en aquel corazón.

Un tiro, un solo tiro ha sonado, y hace mucho. Tras él, el padre no ha oído un ruido, no ha visto un pájaro, no ha cruzado el abra una sola persona a anunciarle que al cruzar un alambrado, una gran desgracia...

La cabeza al aire y sin machete, el padre va. Corta el abra de espartillo, entra en el monte, costea la línea de cactus sin hallar el menor rastro de su hijo.

Pero la naturaleza prosigue detenida. Y cuando el padre ha recorrido las sendas de caza conocidas y ha explorado el bañado en vano, adquiere la seguridad de que cada paso que da en adelante lo lleva, fatal e inexorablemente, al cadáver de su hijo.

Ni un reproche que hacerse, es lamentable. Sólo la realidad fría, terrible y consumada: ha muerto su hijo al cruzar un... ¡Pero dónde, en qué parte! ¡Hay tantos alambrados allí, y es tan, tan sucio el monte! ¡Oh, muy sucio ! Por poco que no se tenga cuidado al cruzar los hilos con la escopeta en la mano...

El padre sofoca un grito. Ha visto levantarse en el aire... ¡Oh, no es su hijo, no! Y vuelve a otro lado, y a otro y a otro...

Nada se ganaría con ver el color de su tez y la angustia de sus ojos. Ese hombre aún no ha llamado a su hijo. Aunque su corazón clama par él a gritos, su boca continúa muda. Sabe bien que el solo acto de pronunciar su nombre, de llamarlo en voz alta, será la confesión de su muerte.

-¡Chiquito! -se le escapa de pronto. Y si la voz de un hombre de carácter es capaz de llorar, tapémonos de misericordia los oídos ante la angustia que clama en aquella voz.

Nadie ni nada ha respondido. Por las picadas rojas de sol, envejecido en diez años, va el padre buscando a su hijo que acaba de morir.

-¡Hijito mío..! ¡Chiquito mío..! -clama en un diminutivo que se alza del fondo de sus entrañas.

Ya antes, en plena dicha y paz, ese padre ha sufrido la alucinación de su hijo rodando con la frente abierta por una bala al cromo níquel. Ahora, en cada rincón sombrío del bosque, ve centellos de alambre; y al pie de un poste, con la escopeta descargada al lado, ve a su...

-¡Chiquito...! ¡Mi hijo!

Las fuerzas que permiten entregar un pobre padre alucinado a la más atroz pesadilla tienen también un límite. Y el nuestro siente que las suyas se le escapan, cuando ve bruscamente desembocar de un pique lateral a su hijo.

A un chico de trece años bástale ver desde cincuenta metros la expresión de su padre sin machete dentro del monte para apresurar el paso con los ojos húmedos.

-Chiquito... -murmura el hombre. Y, exhausto, se deja caer sentado en la arena albeante, rodeando con los brazos las piernas de su hijo.

La criatura, así ceñida, queda de pie; y como comprende el dolor de su padre, le acaricia despacio la cabeza:

-Pobre papá...

En fin, el tiempo ha pasado. Ya van a ser las tres...

Juntos ahora, padre e hijo emprenden el regreso a la casa.

-¿Cómo no te fijaste en el sol para saber la hora...? -murmura aún el primero.

-Me fijé, papá... Pero cuando iba a volver vi las garzas de Juan y las seguí...

-¡Lo que me has hecho pasar, chiquito!

-Piapiá... -murmura también el chico.

Después de un largo silencio:

-Y las garzas, ¿las mataste? -pregunta el padre.

-No.

Nimio detalle, después de todo. Bajo el cielo y el aire candentes, a la descubierta por el abra de espartillo, el hombre vuelve a casa con su hijo, sobre cuyos hombros, casi del alto de los suyos, lleva pasado su feliz brazo de padre. Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma, sonríe de felicidad.

Sonríe de alucinada felicidad... Pues ese padre va solo.

A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púa, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de la mañana.
 
 
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Javier
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« Respuesta #2 : 30 de Septiembre de 2010, 03:25:17 »

Hombres sin morir en el intento 
Parece ser que las estadísticas no engañan. Son los hombres los que mueren en mayor frecuencia que las mujeres. Por otro lado son los hombres los que asisten en menor cantidad a los servicios de salud. En ocasiones preferimos comprar el analgésico o calmante  que venden en la farmacia de la esquina. Una forma más de mostrar lo irónico que parece el proceso para convertirse en hombre, de acuerdo a los mandatos de la socialización imperante. Las consecuencias de esta negación social, se traducen en padecimientos más críticos. Es frecuente encontrar a hombres trabajando largas jornadas laborales aunque la salud física se encuentre en un franco retroceso.  Es decir, algo así como me muero en el intento de ser hombre. Se trata como de decir, de que la dinámica de la salud en la especificidad masculina es reflejo de los patrones vitales de los varones, de sus procesos de socialización, de los papeles que se les ha asignado en la sociedad, de la interpretación social de sus emociones y en el fondo, de la forma estereotipada del "ser hombre".
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gburgosq
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« Respuesta #3 : 30 de Septiembre de 2010, 08:18:06 »

No sé si es una cuestión de género, pero siempre he observado que los hombres, en general cuidan poco de su salud, no sé si por su naturaleza, que deben mostrarse fuertes y no enfermizos, siguen circulando por este mundo a pesar de su estado de salud. Es así como, llevo muchos años en las consultas del Seguro Social por mis problemas médicos, y lo que veo son muchas mujeres y pocos hombres en las consultas. Sin embargo, cuando trabajé en hospital, la cosa se empareja, y es que los que llegan allí, es porque los llevan porque ya están bastante mal, con un proceso avanzado de enfermedades crónicas. Además, los que atendido en consulta me dicen, "yo nunca venía al doctor, hasta ahora que estoy mal". Me da la impresión que el hecho de enfermarse, y hasta morir podría ser interpretado como una situación de debilidad, en especial si se trata de los hombres. Es por esto creo que con frecuencia se pasan por alto dolencias, malestares y hasta síntomas muy visibles, bajo la creencia de que no es nada, que es algo pasajero. Es difícil de esta manera practicar medicina preventiva, si las personas, sean hombres o sean mujeres, no enfrentan la realidad de que sus cuerpos pueden enfermar y morir.

Tal vez por esta razón, el papá de el cuento El hijo, no pudo aceptar esa realidad, que es parte de la vida misma, como es el morir. Su hijo era valiente, capaz de manejar una arma como cualquier hombre, sin embargo, quizás el morir no estaba dentro de sus posibilidades, podría interpretarse como debilidad, falta de valor, el producto de un error, que hubiera conducido a la detonación fatal, quién sabe...Giselle 
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Isela
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« Respuesta #4 : 30 de Septiembre de 2010, 16:28:06 »

Que interesante resulta el cuento! pero màs que un cuento parece una situacón muy común en la vida cotidiana de los padres y de las madres que parecen tener premoniciones constantes de los peligros y la cercanía de la muerte de sus hijos e hijas.

Por otro lado, la percepción social parece querer invisibilizar la muerte como una realidad inherente a la vida misma, Yo misma, profesional conocedora teóricamente de los procesos de la vida y del envejecimiento, me siento completamente vulnerable al tema, de hecho en la vida cotidiana aún me rehuso a hablarlo, nisiquiera pensarlo.

Es probable que el género también marque una diferencia importante en la forma de concebir y abordar la muerte, situación que probablemente esté relacionada con los procesos de socialización y la expresión de sentiemientos entre hombres y mujeres.

Lo importante  estratar de romper los prejuicios y nitos al respecto y empezar a pensar en la muerte como una compañera cercana!!! Labios sellados
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geova brenes
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« Respuesta #5 : 04 de Octubre de 2010, 01:44:56 »

El problema con el imaginario social de la muerte va más allá de un simple concepto de la palabra, se enfoca en reconocer que no se debe tener edad avanzada para pensar en ello, sino más bien aceptación de saber cuándo salgo de mi casa; pero no así tener la certeza de que volveré a ella. La sociedad de la cual somos constructores nos lleva a idealizar la eterna juventud, a visualizar que sólo cuando se es persona adulta mayor se debe pensar en el tema porque al fin al cabo mientras trabaje y tenga dinero nada me pasará. Lamentablemente este proceso de consumismo e idealización nos marca un camino incierto en el proceso de la muerte, que a su vez nadie desea ser parte de ella.
Considero que el desconocimiento de lo que pasará en el momento, si sufriré o moriré de repente, el no tener certeza de lo que existe después de la muerte es lo que nos compromete a los seres humanos a desconfiar del proceso. El hecho de no conocer cómo será mi muerte, que tanto sufriré y que tanto me sufrirán es un tema incierto, lleno de dudas y especulaciones (lamentablemente negativas) que nos hacen rechazar y repudiar la muerte.
Trabajar en un proceso de muerte no es sencillo y menos aún si se trata de mi propia muerte, es decir, todos sabemos que existe pero nadie desea llegar a ella...
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gburgosq
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« Respuesta #6 : 07 de Octubre de 2010, 09:50:50 »

La percepción de la muerte varía de cultura a cultura, de persona persona, cada persona ha tenido un origen su historia de vida es un complejo compartir socialmente, en familia, en el trabajo y en otros medio. todo esto, va a constituir, el bagaje cultural, que nos conforma, y de esto va depender la forma de percibir socialmente la muerte. Nuestros temores, todo lo que nos afecta o no al respecto pertenece a nuestra historia, y así los rituales en relación a este proceso, del cual todos sabemos nadie se salva, Giselle.
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Isela
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« Respuesta #7 : 07 de Octubre de 2010, 21:40:55 »

La cultura tiene una imortante influencia sobre la forma en que se percibe la muerte y los rituales en ton}rno a ella.
Hace poco tiempo asistí al funeral de una persona adulta mayor con la cual trabajé por muchos años y quien se convirtió en una gran amiga. Ella vivió muchos años en New Orleans USA.
Al finalizar su misa de funeral sucedieron dos cosas que llamaron mi atención. Primero, al refereirse su familia a los asistentes y agradecer la presencia y las muestras de afecto, informaron que a continuación sonaría una canción que su esposo le dedicaba. Segundo, a la salida del féretro por el pasillo de la iglesia sonaba una música de Jazz: alegre como ella!!! y así depedimos a doña Tony, fue raro y confuso para algunas personas que se miraban entre sí asombradas y desconcertadas. Fue un funeral alegre!!!!
Adjunto la letra de la canción que le dedicó su esposo, quise poner la música pero no fue posible subirla!!! estoy segura que muchas personas ya la han escuchado!!

Isela

Leo Dan
¡Como te Extraño mi Amor¡

Como te extraño mi amor, por que será?
Me falta todo en la vida si no estas
Como te extraño mi amor, que debo hacer?
Te extraño tanto que voy a enloquecer

Ay amor divino, pronto tienes que volver a mi

A veces pienso que tu nunca vendrás
Pero te quiero y te tengo que esperar
Es el destino me lleva hasta el final
Donde algún día mi amor te encontrará

Ay amor divino, pronto tienes que volver a mi

El dolor es fuerte y lo soporto
por que sufro pensando en tu amor
quiero verte, tenerte y besarte
y entregarte todo mi corazón

Como te extraño mi amor, por que será?
Me falta todo en la vida si no estas
Como te extraño mi amor, que debo hacer?
Te extraño tanto que voy a enloquecer

Ay amor divino, pronto tienes que volver a mi

A veces pienso que tu nunca vendrás
Pero te quiero y te tengo que esperar
Es el destino me lleva hasta el final
Donde algún día mi amor te encontrará

Ay amor divino, pronto tienes que volver a mi

El dolor es fuerte y lo soporto
por que sufro pensando en tu amor
quiero verte, tenerte y besarte
y entregarte todo mi corazón
ooooh, mi corazón
ooooh, mi corazón


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LuisEn
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« Respuesta #8 : 07 de Octubre de 2010, 22:17:08 »

La muerte esta implicita en la vida en cualquier momento nos toca la puerta.
Hace unos minutos estaba en la oficina ordenando  papeles y me llego un mensaje de texto, lo leo y dice " mi mama se me murio" , al verlo me entro un frio en mi cuerpo pues lo que pense por un instante es en mi mama, y pensar que yo debo de escribir esas palabras algun dia me da miedo. Procedi a llamar a la persona doliente y el telefono timbraba y pensaba en mis adentros que seria una suerte que no me contestaran y que dejaria un mensaje a una maquina contestadora, eso es segun el analisis que estoy haciendo a posterior una actitud cobarde, pero a su vez de negacion, pues la persona fallecida fue una paciente mia y mama de una amiga mia.
Pora  mala suerte de mi cobardia me contesto la persona que me habia enviado el mensaje de texto y me quede en silencio en unos momentos, pues no sabia que decir, y si le decia que ella estaba mejor que nosotros y que ella fue una buena mujer y una buena madre, seria como palabras muy trilladas y que no generarian nada, asi que me arme de coraje y le dije; Me molesta mucho eso que tu mama se muriera, bonita cosa ahora que la sonrisa le habia quedado linda , (mi amiga se puso a reir y a llorar al mismo tiempo ) sera que quiere ir a coquetearle a tu papa que ya esta en el cielo? ; y ella me contesto; por eso mi mama te queria por que sos el mismo ante cualquier situacion. Y sorpresa me lleve en ver la leccion de vida de esas palabras, que ante cualquier situacion lo que tenemos que hacer es hacerle frente y ser genuinos no debemos aparentar lo que no somos en especial en situaciones en donde el dolor este presente.

Muchas Gracias Marielos por que enseñaste, inclusive despues de tu  muerte.
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Fanny Arce
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« Respuesta #9 : 08 de Octubre de 2010, 00:01:34 »

Los rituales sobre la muerte se vivien dependiendo la cultura. Así, depende también de cada religión su celebración y los actos son propios de cada uno. Indudablemente cada persona vivirá su dolor de acuerdo con su propio ser. Hace poco asistí al funeral de un niño, fue realmente impactante ya que sus compañeros se sentaron en la fila de adelante a la que yo me encontraba y cuando los padres del menor manifestaron que lo cremarían, los ñiños y niñas no comprendieron que era "cremación" al explicarles entraron en pánico y se preguntaron

Por qué si le amaban lo queman?

Fanny
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silviniac
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« Respuesta #10 : 09 de Octubre de 2010, 10:28:00 »

En la cultura nuestra la percepción de muerte conlleva , muchos sentimientos y muchos pensamientos que conectan con un más allá desconocido y que en general produce mucho miedo.  Y como ya se ha dicho en este Foro, no es tanto el miedo al momento de morir sino al "hacia adonde me dirijo" una vez que se haya  dado el salto, o bien cuando  las fuerzas corporales se desvanezcan?  Por más creyente y educado bajo la fe de "ir al cielo", que se haya vivido, la duda asalta y el miedo a no encontrar el camino sale a nuestro encuentro.  Hubo un hombre, Sureño, que construyó una doctrina, cuyo fundamento incluye el pensar y actuar en una misma dirección, para lograr darle sentido a la vida y al final de la vida.  Escribió varios libros, uno de ellos "La mirada Interna", que entre tantos  temas,  trata el paisaje interno que la persona debe forjarse antes de partir, con el fin de reconocer el camino.  Aquel hombre murió en esta semana.  Me pregunto cuán capaz habrá podido ser de manejar su último momento en la tierra, con su dimensión corpórea  y luego emprender su nuevo caminar sin más vehículo que su sí mismo !.
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Laura Zuñiga Blanco
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« Respuesta #11 : 09 de Octubre de 2010, 14:16:40 »

La percepción de la muerte, como lo mencionaban los compañeros, variara según la cultura, sin embargo a mi parecer si bien uno habla de este tema desde que esta pequeño(a) y se esta en contacto con la muerte de familiares, vecinos, amigos, parece que esta ajena a nosotros como que no queremos pensar en este momento en el que llegue a mi puerta y se lleve a algún ser querido, porque si bien siempre se menciona este tema, no se nos educa ni prepara para recibir este momento, y muchas veces se reniega contra Dios cuando decide llevarse a un niño o a un joven por su temprana edad, hasta que vamos comprendiendo que nuestro tiempo no es el tiempo de Dios, el tiene su plan divino para cada uno de nosotros, y eso a veces nos cuesta mucho como sociedad y como personas individualmente entenderlo. Cuando he estado en contacto con muertes cercanas a mi persona es cuando reflexiono sobre la muerte y siempre las primeras personas que evoco son mis papás, permitiéndome pensar sobre ese momento que algún día tendrá que pasar donde experimento muchos sentimientos encontrados, dándome cuenta que posiblemente sera muy doloroso, pero a la vez permite irse preparando con la mentalidad de que a todos nos pasara y que porque verlo como algo feo, sino al contrario como dicen los sacerdotes "es un nuevo renacer, en la vida eterna a encontrarse en la casa de mi padre" , si sabemos que no seremos eternos entonces quizá lo que se debe hacer es disfrutar en vida a aquellos(as) que consideramos seres queridos que si faltaran extrañaríamos incansablemente entonces seamos felices y hagamos felices en lo que se pueda a esas personas especiales para uno.   
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Hazel
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« Respuesta #12 : 11 de Octubre de 2010, 19:15:48 »

Al leer el cuento del hijo, lo que viene a mi mente y mi ser es la siguiente vivencia: Que difícil para un padre o una madre tener que vivir la pérdida de un hijo, bien dicen que este dolor es tan fuerte que no tiene nombre. He visto sufrir a mi tía y a mi tío y como este por su condición no diría que de hombre pero si de compañero muchas veces a callado su dolor y ha guardado sus lágrimas para que ella no sufra, recuerdo cuando nos decía, sin que ella lo escuchara "desearía irme a la montaña y poder gritar y gritar sin que nadie me diga nada, sin que nadie me vea". Han pasado los años y el dolor se ha vuelto manejable, la pérdida ha sido aceptada, pero los sueños siempre están presentes, el poder verlo algún día, poder abrazarlo y besarlo, esa esperanza no se pierde. Recuerdo que mi tía nos contaba cuando soñaba con él y mi primo le decía "mami cuide mucho a papi y digale que lo quiero mucho" y mi tío sólo podía decir, por qué yo no sueño con él? por qué a mi no se me aparece?. situaciones que te dejan sin palabras!!!!

La percepción de la muerte como bien lo han dicho los compañeros, es algo muy subjetivo, muy personal de cada quien y de como este haya sido educado, de la cultura en que se haya desenvuelto y cómo sus familiares o personas cercanas le hayan transmitido el significado de la muerte, y aunque siempre estamos cerca de ella cada uno la asimila de acuerdo a sus potencialidades, porque como bien sabemos lo desconocido siempre nos asusta, nos da temor el no saber hacia donde vamos y cómo sera, no se si sea una cuestión de género, pero en porcentajes la mayoría de los hombres son quienes aparentan una posición de poder y fuerza ante la muerte conozco muchos que dicen: "de algo me tengo que morir" especialmente cuando enferman y luego no desean llevar el tratamiento, pues ellos son machos y solos se curan, claro esta todas estas percepciones y concepciones que se puedan tener se las debemos de agradecer a la cultura y a la sociedad que bien demarcan como debemos de comportarnos.
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Hazel Ramírez  V.
Karen Masís
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« Respuesta #13 : 12 de Octubre de 2010, 04:27:19 »

Yo también coincido con los compañeros y compañeras sobre la subjetividad que implica la percepción de la muerte, la cultura, el género, la edad, la historia, etc. marcan esa experiencia frente a la muerte. En alguna parte leí que hay más hombres que mueren por causas violentas que mujeres: accidentes de tránsito, por heridas con armas de fuego o armas “blancas” o en accidentes laborales.

Este fin de semana murió uno de los mejores amigos de mi hermano, un joven de veintitantos años que estuvo en una fiesta y que decidió no quedarse a dormir porque tenías muchas cosas que hacer por la mañana. De camino a su casa, en la carretera del Braulio Carrillo (Zurquí), chocó contra una vagoneta. Los bomberos y la Cruz Roja trabajaron por 45 minutos para sacarlo, por lo aparatoso del accidente. Pocas horas después de ingresar al hospital murió. Todo esto en un abrir y cerrar de ojos (literalmente).

¿Había tomado licor? ¿Era de noche? ¿Se quedó dormido?  Las tres cosas. Todos los riesgos que puede asumir una persona al volante los asumió él, posiblemente con sus razones bien fundamentadas, pero con un costo muy alto.

Con todo esto lo que quiero decir (muy laxamente) es que hay una forma de vivir la vida que puede llevarnos directamente a la muerte, y que dicha forma está muy vinculada con el género y con la edad, con lo que se espera que haga cierta gente en cierta etapa de su vida. Socialmente se espera que los hombres de ciertas edades muestren su valentía, su hombría, su fuerza, con actos peligrosos o violentos. No solo frente a la experiencia de la muerte de otros o la idea de la muerte propia, hay diferencias importantes con respecto al género.

Karen 
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Yorleny Vargas
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« Respuesta #14 : 12 de Octubre de 2010, 15:42:00 »

La persepci'on de lamuerte es multidimensional, influye no solo la cultura, sino factores economicos, politicos y religiosos.  De acuerdo a  lo esperado socialmente por un grupo etareo especifico asi es el impacto que tenga. En el caso personas jovenes es fuerte el impecto ante la muerte pues se visualiza con las metas sociales que esa persona no logro concretar, incluso en ocasiones surgen comentarios de el or que la partida de una persona joven.  Y realmente desde la construccion social de la muerte no concebimos la partida de alguien cuyo paso por la vida nos parecio corto.

atte. Yorleny Vargas
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silviniac
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« Respuesta #15 : 12 de Octubre de 2010, 17:32:40 »

oracio Quiroga, un escritor modernista de inicios del S.XX y que de él se dice que su vida estubo marcada por accidentes y experienciasde muerte, hasta hacerse protagonista de decidir el fin de sus días,   nos saca de nuestro equilibrio con un cuento como "El Hijo".  Especialmente a las personas que ya tienen su progenie, pero por las experiencias de otros también, tal como se ha comentado en este espacio.  No sensibilizarse ante el dolor de unos padres que pierden  un/a hijo/a realmente es casi imposible.  Podría decirse que se debe a la percepción de la muerte que tiene cada persona pero es posible que más bien tiene que ver con el sentimiento profundo de la paternidad o maternidad  potencial, herencia de la especie, condición genética que se ha estado arrastrando por siempre con la especie, desde que su sentido y uso de razón son funcionales.
"El Hijo" pone en evidencia sentimientos percibidos que hacen muchas veces que los padres escuchen su corazón y eviten percances para sus hijos, cuestión propia de las especie y un poco más del comportamiento de género en la mujer y pone en evidencia también el enmarañado imaginario social de la muerte, con que se ha venido "jugando" a través del tiempo, paradigma específico  que no se ha podido cambiar pero que se enmascara.  La especie lo permite.  Encarar la muerte no es cuestión que guste, que se asuma, que se confronte, y es peor cuando se trata de la muerte de los otros, pues muchas veces el sentimiento de impotencia nos acusa... La muerte propia es un evento que se lleva, que se espera aunque no se ponga fecha, o bien, siempre se pone a muuuy largo plazo (para no confrontar el asunto), quita tiempo y estresa... Cuando se trata de la muerte de otros, especialmente los de la familia, la dimensión espiritual de la persona se altera y en este contexto, el sufrimiento es mayor; la de la  mamá por eso, por ser  la mamá, la del papá, por cuántas razones?la del hermano/a, (que ocupa un espacio en ese nicho familiar)!.  Sin embargo hay algo de mayor espectro...La muerte de un hijo: dicen que no se supera.  Aun cuando no sea parte de la experiencia de la persona, esta reconoce el significado que podría tener. La piel se encoje y se mueve el cabello (se para el pelo) ante la  escena  de un padre o una madre con su hijo yacente...muerto. El imaginario social de la muerte puede cambiar.. loque realmente  no cambiará es la percepción del dolor ante la muerte de los seres a quienes realmente amamos; cuando verdaderamente somos tomados por el asombro. Un saludo cordial para los compañeros.Silvinia
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Yorleny Vargas
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« Respuesta #16 : 14 de Octubre de 2010, 05:55:32 »

Creo que no podemos dejar de mencionar esta felicidad tan grande y la fuerza esperanzadora que hoy une nuestro planeta, la vida de esos hombres que estuvo al borde de la muerte. El replanteamiento que hicieron de su experiencia y la complejidad con que desarrollaron estrategias de subsistencias, hace pensar en que cada minuto de la vida cuenta por más amargas que sean las circunstancias y posiblemente aunque sus discursos giraron en torno a la vida, jamás se desprendió de sus mentes la idea de la muerte y el temor a enfrentarla.  Cada uno de ellos con circunstancias familiares y personales  muy particulares, pero con la oportunidad de haber aprovechado cada momento, me cuestiono si esa lucha de tantas organizaciones y  personas por su sobre-vivencia, responde al temor de enfrentarnos a la muerte o a la solidaridad que mueve al ser humano y los valores que posiblemente aún conservamos. Puede que a las tres!

Lo cierto es que ante todo temor...siempre hay una esperanza!

Atte. Yorleny vargas
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« Respuesta #17 : 14 de Octubre de 2010, 22:15:27 »

Coincido con Yorleny en que la situación de los mineros chilenos nos plantea importantes interrogantes en torno al tema de la muerte. Creo que en particular se trata de un desafío a la muerte: 33 personas conviviendo hacinadas, 70 días comiendo lo indispensable, soportando altas temperaturas, ambiente sumamente húmedo, más de 600 metros bajo tierra, en síntesis condiciones muy adversas para cualquier ser humano
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Hazel
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« Respuesta #18 : 19 de Octubre de 2010, 18:59:17 »

Me uno a las compañeras Yorleny Vargas e Isela, la experiencia de los mineros Chilenos no sólo nos evoca a la lectura de Victor Frank, sino que  nos muestra cómo una experiencia de vida puede cambiar el rumbo y el sentido que esta ha llevado, cuantas cosas pudieron pasar por sus mente, cuántos de ellos cambiaron su mentalidad y su forma de ver la vida, cómo a través del dolor y de su sufrimiento físico y emocional han iniciado un nuevo amanecer. A veces las personas necesitamos de estas crisis y de estos golpes para aprender a valorar y para ser capaces de reconocer que es lo que realmente queremos en esta vida, pues el hecho de estar tan cerca de la muerte y el temor que esta genera promueve cambios en la vida de quienes la experimentan y de quienes los acompañan.

Hazel Ramírez
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Hazel Ramírez  V.
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« Respuesta #19 : 21 de Octubre de 2010, 16:48:17 »

Es interesante como la experiencia vivida por los mineros en Chile nos plantea a cada uno esa interrogante que no queremos muchas veces enfrentar y es precisamente la fragilidad de nuestra vida y esa delgada línea que hay entre la vida y la muerte. Y desde la percepción social de la muerte, donde vamos a morir, cuando y de qué manera o por qué causa. Realmente al ver la experiencia de estos 33 hombres nos dejó claro, más aún, que allí  a 700 m o aquí sobre la superficie terrestre a todos nos toca morir. Yo creo que todos nos planteamos las posibilidades de que estos hombres pudieran morir o  vivir, ya sea como resultado de su perseverancia, esperanza y fé, pero si hubiera ocurrido un simple movimiento de tierra, todo pudo haber acabado allí. Sin embargo, su fé fue mayor que todo y como respuesta quizo Dios que las cosas fueran así, para mostrarnos una vez más, que estamos aquí, pero no para siempre. A pesar de todos los adelantos científicos ese final de nuestra vida está allí inminente. Hemos podido también percibir por los medios de comunicación que esos 33 hombres que estuvieron viviendo cada día más cercana quizá la posibilidad de morir son personas comunes, con una vida con diferentes situaciones: económicas, familiares, de salud y otras. También hemos visto como todos ellos señalan que después de esta experiencia su vida no será la  misma. Entonces me pregunto, cuál es la realidad que vivimos cada día, acaso no es lo mismo, allá o aquí, la muerte es parte de la vida misma, ya que es la conclusión de esta vida sobre la tierra. Por qué entonces no pensamos que es necesario cambiar y vivir nuestra vida en una forma más intensa, más trascendental, por qué esperar entonces para decir cuanto amamos a nuestros seres queridos, o poner en orden nuestra vida, seguir entonces esos principios de vida que Dios nos ha regalado, y que nos brindan la receta perfecta para vivir y morir en paz., Giselle B.
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